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viernes, junio 10, 2005

Elecciones incómodas

Al final te quedaste en casa. Igual fue falta de valor o exceso de vergüenza o simplemente que no habías terminado de separar los granos de arroz de los granos de lentejas o que tus zapatos de petigrís que una mala pronunciación convirtió en incómodos zapatos de cristal se negaron a escaparse de tus pies. En francés es casi lo mismo vidrio que petigrís que verso que verde que gusano.
En la cocina, desmenuzando chicharros en lugar de desnudarte sobre una mesa de billar tan verde tan brillante, quizá nunca te cegaron los brillos de la noche porque siempre los conociste demasiado bien o fue que los conociste de madrugada, cuando ya están opacos.
Tus discos en francés allí, al otro lado, donde se quedó Gilda y Edith Piaf y Lili Marlene y Afrodita y Belle de Jour y François Hardy y Chavela Vargas y María Félix y todas las mujeres que quisiste ser algún día, en lugar de desmenuzar pescado con manos elegantes, recién lavadas para no parecer un perdedor.