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martes, junio 21, 2005

Loza

Ella no lo sabía, yo no se lo había dicho así que tengo que pensar que no lo sabía y supongo que esa fue la razón por la que le pareció un regalo estúpido. No sabía de mis días blancos frente al plato demasiado lleno o de mi mareo al atravesar el pasillo para llegar a la cocina, tropezando con todas las paredes, o de la música siempre insuficiente para poder estar acompañada, o de mi manía por escuchar canciones tristes mientras hundo el cubierto en algo sólido, o de mi dificultad para saber en qué bocado ya estoy llena y ya es suficiente y puedo dejar de comer. No conoce que tengo miedo a la cocina cuando estoy sola, miedo al gas o a caerme desde las banquetas o a no saber dejarlo todo limpio. Miedo a terminar la comida y miedo a que se pudra en la nevera. Miedo a no saber qué preparar. Pero sobre todo ella no sabía que a veces sin querer me da por pensar que no merezco tener hambre. Así que puede ser esa la razón por la que se avergonzó un poco de su regalo, de sus tres platos coleccionados de la revista Diez Minutos con frases de El Quijote que siempre me sonríen cuando como, que no me dejan caerme de las banquetas, ni tropezar con las paredes como un borracho y mucho menos pensar estupideces.

La salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago.

Todas nuestras locuras proceden de tener los estómagos vacíos y los cerebros llenos de aire.

El camino no se puede seguir sin antes descansar y gustar del buen yantar

2 Comments:

At 21 junio, 2005, Blogger Azena said...

Sabía que era un gran regalo. Pero no sabía lo bueno que era. Espero que ella vea esto y se de cuenta. Besos para la una y para la otra.

 
At 29 junio, 2005, Blogger cen said...

Muy oportunas las citas del Quijote. Yo recordaba la de la oficina del estómago.

 

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